El «littering» describe una realidad grave que pone en riesgo muchos entornos naturales y urbanos. Podemos tomar medidas como las que contamos en este artículo para abordar el problema.
Esther Peñas / SOSTENIBILIDAD PARA TODOS
Colillas en los alcorques, las cunetas de las carreteras, en los parques y en las playas, en las laderas montañosas y en el paso a las lagunas… Una colilla tarda entre ocho y doce años en degradarse, y su filtro, hecho de acetato de celulosa, es muy contaminante. En los descampados, envases de plástico, también en los extrarradios de las ciudades, en las calles, en zonas verdes…: una botella de plástico necesita quinientos años para descomponerse. Y si está enterrada, más. A estos residuos se añaden otros como latas, toallitas refrescantes, electrodomésticos, tickets de comercios o residuos electrónicos, tantos que, en muchos casos, la basura se integra en el paisaje, en el urbano y en el de la naturaleza.
Según distintos informes, las principales razones por las que se arrojan despojos de manera incívica son la despreocupación medioambiental, la comodidad y la pereza. Las consecuencias: colocar al borde de la extinción a más de un millón de especies animales y vegetales, según las cifras de Naciones Unidas. No solo eso.
Hay basura visible, pero otra escapa a la vista, como los microplásticos marinos, y basura antigua, vestigios de productos que se prohibieron por su efecto contaminante pero que, anteriormente, eran abandonados casi a antojo. La basura destruye hábitats naturales, estimula la colonización de especies invasoras, impacta de modo nocivo en la flora y fauna, amenaza la salud humana y causa la muerte directa de numerosas especies.
85% DE LA BASURA MARINA SON PLÁSTICOS
Existen 5 grandes islas de basura:
MILLONES DE TONELADAS MÉTRICAS DE PLÁSTICOS LLEGAN AL OCÉANO CADA AÑO
¿CUÁNTO TARDA UN RESIDUO EN DESCOMPONERSE?